Biografía

Claramunt, visto por...

Exposiciones

Pintura

Obra Grafica

Ediciones

Agenda

Luis Claramunt

Claramunt visto por...

 
La silla vacia- 1991

LA SILLA VACIA.

(fragmento de texto de Francisco Rivas para el catálogo La Muela de Oro. 1992)

 

Cuando Claramunt llegó a la calle Montera, hará unos tres años, lo primero que hizo fue abrir el balcón de par en par y colocar una silla en el pretil. El balcón sigue abierto y la silla en su sitio.

Claramunt no es uno de esos artistas que se enclaustran para crear. Más bien todo lo contrario. Su estudio no es uno de esos ámbitos cerrados dónde van acumulándose jirones y sedimentos de los sucesivos partos. Quienes lo frecuentamos sabemos que en él, además de los materiales y utensilios imprescindibles al caso, sólo cabe encontrar pilas de lienzos, a veces en blanco, listos para pintar, y otros recién pintados, listos para mostrar. De hecho, quienes lo tratan no dudan de su capacidad ni de su dedicación al trabajo, que son notorias, pero serían incapaces de explicar cuando trabaja. Esta interrogante- ¿Cuándo pinta Luis Claramunt?- forma parte de una leyenda que entre otras singularidades le atribuye el don de la ubicuidad y una insobornable afición a patear la calle desde que se levanta hasta que se acuesta. Disponer de todo su tiempo con una libertad y una prodigalidad tan absolutas lo convierten en alguien excepcional acreedor, por supuesto, a todas sospechas.

Pues bien, no desvelaremos el misterio pues no existe tal misterio, pero intentaré poner las cosas en su sitio. Claramunt, está claro, no es un santo, es decir, no dispone, como disponía, sin ir más lejos, San Isidro, patrón de Madrid, de una pareja de ángeles custodios que manejaban el arado mientras él se entretenía con sus plegarias. Claramunt, simplemente, pinta todo el tiempo. O casi todo. Es un pintor muy reflexivo y al tiempo tremendamente resolutivo. La calle, por decirlo de alguna forma, es el ámbito de su reflexión, el estudio el lugar de resolver, de ejecutar con rapidez y destreza, sin circunloquios ni aproximaciones. Muchas veces he repetido que, a la hora de pintar, Claramunt siempre se sitúa en el que, en términos taurinos se denomina el terreno de la verdad.